31 de agosto de 2009

TRIBUNA ABIERTA


¿Dónde invertir en la Argentina  en un escenario post electoral?

Por Eduardo Fernández, consultor en temas energéticos

No cabe duda que invertir en cualquier país que tiene un déficit de infraestructura es siempre una oportunidad de negocio interesante que debe analizarse; y Argentina, aún en estos momentos de crisis, necesita incrementar sus activos en infraestructura energética en por lo menos un 10% y continuar creciendo a tasas por lo menos similares al crecimiento de la economía para poder seguir satisfaciendo las necesidades de los mercados. De lo contrario se verá obligada a importar productos o servicios energéticos, lo que implica un costo económico mayor y una dependencia de las condiciones de los mercados internacionales.
En generación eléctrica, Argentina tiene necesidad de instalar 500 Mw por año para mantener satisfecha la demanda. De igual modo precisará líneas de transmisión de media y alta tensión para poner esa energía a disposición de los mercados que la requieran.
En materia de gas, se necesita aumentar la capacidad productiva ya, en por lo menos un 20% y mantener un crecimiento constante de la oferta. Para ello es preciso a su vez, desarrollar nuevas reservas, ampliación de la capacidad de transporte y de distribución y seguramente más unidades de procesamiento y tratamiento.
En el sector petrolero, no se han realizado en mucho tiempo ampliaciones de capacidad acordes a las necesidades en las refinerías existentes. También en este caso se necesita una mayor oferta de refinados (especialmente naftas y gas oil) y esto requiere un incremento significativo de instalaciones a lo largo de toda la cadena de valor de los productos, desde la exploración y explotación hasta la distribución minorista, y por supuesto un reaseguro en la sustentabilidad del suministro de crudo.

Cualquiera de estos requerimientos debería ser una buena oportunidad para invertir ya que existe la demanda y la necesidad, por lo que la producción estaría garantizada y consecuentemente el flujo de dinero y una rentabilidad razonable la cual el mercado pagaría de cualquier modo –porque la otra alternativa es la importación, más cara aún–. Podría discutirse si esta crisis mundial marca un buen momento para la efectiva ejecución de las inversiones, pero como hay siempre una demora entre el estudio de las oportunidades y la ejecución, es muy probable que haya síntomas claros de recuperación antes de que se efectivicen las erogaciones necesarias. Por lo tanto desde esta perspectiva, la respuesta a la pregunta es: ¡Si! Sería un buen momento para analizar y programar proyectos de inversión en infraestructura energética en Argentina.
El tiempo condicional de la respuesta se debe al segundo problema que estamos sufriendo: el estructural. Problema este que es una fatídica mezcla de política y economía.
Sabemos que la economía del sector energético experimentó un congelamiento que comenzó con la pesificación y la devaluación, tal vez necesario para evitar una espiral inflacionaria más agravada aún, pero ese freno ha ido minando la rentabilidad de los negocios energéticos hasta el punto no sólo de restar interés a los proveedores en este mercado, sino de alejar a los potenciales inversores, quienes encontraron mayores rentabilidades en otras latitudes. Inclusive movilizó iniciativas de salida de algunos agentes ya instalados en el país desde hace tiempo.
Esta salida de algunos agentes y la falta de interés de otros, resultó muy perjudicial para materializar las inversiones que se necesitaban, y las que no fueron cubiertas por el Estado Nacional o los Provinciales, no se realizaron.
Es cierto que a través de estas medidas se puso cierto freno a la inflación –ya que esta hubiera sido mucho mayor si los precios de los energéticos hubieran alcanzado su valor después de la devaluación y se hubieran seguido ajustando de acuerdo a los contratos existentes– pero la notable caída de la calidad de los servicios es parte del aumento del costo de vida de los ciudadanos, ya que el mismo precio por menor calidad es también un impacto inflacionario.
Es por ello que si no se sincera la ecuación económica de quienes prestan los servicios será difícil que haya intereses privados y la carga de la inversión la deberá asumir el gobierno en forma directa o manteniendo un esquema de subsidios.
Por otra parte, la situación política tampoco ayuda demasiado. A pesar de que el gobierno se ha esforzado en dejar claro que no fue él quien “cambió las reglas de juego, sino que fue una herencia que recibió junto con el bastón de mando en 2003” la verdad es que el marco jurídico del sector energético no ha generado confianza en los inversionistas y las modificaciones en el plexo normativo han alejado a los potenciales interesados.
En resumen, las oportunidades de mercado están y el momento me parece el adecuado, pero si no se dan señales claras desde la macroeconomía y no se muestra vocación de aceptar las inversiones privadas con un marco regulatorio perdurable, aceptable y confiable para los inversionistas, nos quedaremos restringidos a las posibilidades que los Presupuestos Nacional y Provincial puedan realizar.
Finalmente, quisiera hacer una reflexión sobre el crecimiento y el futuro. Todo organismo viviente requiere energía para su supervivencia. Esa necesidad de energía puede agruparse de muchas maneras, pero una de ellas es distinguir qué cantidad de energía se necesita para sobrevivir y qué cantidad para crecer y desarrollarse. En términos generales todo ser viviente utiliza entre el 75 y el 90 por ciento de la energía que consume en actividades de supervivencia, y el resto en actividades de desarrollo y crecimiento. Toda empresa en particular y nuestra sociedad en general son también organismos vivientes y como cualquier otro, sigue las mismas reglas, de modo que de la energía que una organización consume diariamente, entre el 10 y el 25% la utiliza para crecer, expandirse y desarrollarse. Si en la Argentina faltase sólo un 10% de la energía que el mercado demanda, lo cual parece no ser demasiado grave, ya que cualquiera puede sobrevivir con ese déficit, y si esto sucediera recurrentemente durante un tiempo prolongado, la Argentina estaría condenada al estancamiento porque esa es la energía necesaria para motorizar el crecimiento.
Este es otro elemento adicional que induce a la necesidad de invertir en activos energéticos para mantener la sustentabilidad del desarrollo económico.

El corto y mediano plazo

En el corto plazo creo que estamos en manos de la naturaleza. Las condiciones climáticas de los próximos veranos e inviernos marcarán las necesidades básicas de la demanda “de supervivencia” como mencioné en la respuesta anterior. Si estas condiciones son benignas el mercado estará abastecido pero las posibilidades de crecimiento a partir de la disponibilidad energética estarán marcadas por el excedente disponible por encima de esa demanda básica de subsistencia. Si en cambio las condiciones son intensas, es posible que la oferta energética doméstica no alcance ni siquiera para satisfacer necesidades básicas. En ese caso, la importación deberá completar la demanda básica pero no creo que de lugar, ni volumétrico ni económico para ensayar planes de crecimiento y expansión en las empresas.
En el mediano plazo, creo que veremos solamente un proceso transitorio de adaptación entre lo que haya sucedido en el corto plazo y cómo el gobierno reaccione para enfrentar el largo plazo. La tendencia hasta ahora me indica que será negativo, pero como bien dice el temario de esta encesta, el análisis de las autoridades en este período postelectoral, sobre lo que el pueblo percibe, puede modificar las condiciones de borde.

¿Oportunidades de inversión?

Argentina, igual que el mundo deben empezar a acostumbrarse que la monodependencia energética que hemos practicado durante el último siglo y medio no es una receta recomendable para el futuro.
No se trata ya de si los hidrocarburos líquidos deben predominar sobre la energía nuclear o si la energía nuclear debe reemplazar o no a la hidroeléctrica. Entramos en una nueva era donde las ofertas energéticas tienen que ser variadas y múltiples. Necesitamos crecer en todas direcciones, los hidrocarburos no van a ceder fácilmente y no hay una energía alternativa que muestre superioridad suficiente para desplazar al gas, al crudo o al carbón. Creo que debemos crecer en todas direcciones, lógicamente la ecuación económica determinará que energéticos son más económicos y deberán liderar el crecimiento de la matriz, pero si no queremos repetir en el futuro los problemas de las últimas décadas, debemos crecer en todas direcciones, aún en aquellas que presentan mayores dificultades por sus limitaciones ambientales, económicas o de seguridad.

El dilema de lo público y lo privado

Que las inversiones las haga el Estado Nacional, los Provinciales o Capitales privados (nacionales o extranjeros) no es el problema básico. El verdadero problema es cómo se van a remunerar esas inversiones y cómo se van a controlar sus actividades.

Si la remuneración al capital invertido es inadecuada, la sociedad termina pagando un precio inaceptable. Si el costo es alto, toda la matriz económica del país se desequilibra porque la energía tiene incidencia en todas las estructuras de costo. Pero que el precio sea bajo, tampoco es la solución ya que los inversores privados compensarán los márgenes con menor servicio , peor calidad o menores ampliaciones (según el caso) y el Estado terminará utilizando alguna otra herramienta macroeconómica para compensar el déficit en el erario público.Lo mismo pasa con los controles. Cualquiera sea el inversor público o privado necesita que alguien externo a él y con libertad de acción para el caso ejerza los controles adecuados.
De modo que, a mí, personalmente me gustaría ver más agentes privados invirtiendo en el negocio energético local y mejores controles sobre las actividades del sector, pero no es lo más importante. Si el Estado siente que lo puede y quiere hacer, está bien, siempre y cuando lo haga bajo reglas de la economía que permitan llegar a ofrecer el servicio a un precio justo (para ambas partes la oferta y la demanda) y un control adecuado de los aspectos operativos, de calidad y de seguridad. Caso contrario, más pronto o más tarde el que siempre termina perdiendo es el pueblo.

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